viernes, 9 de enero de 2015

Con eso no se jode, ¿Y con qué sí?

Los historietistas de una revista francesa se burlan de Mahoma. Un grupo extremista entra a la redacción y los mata. Consideraron una ofensa retratar burlonamente a Mahoma. Con eso no se jode, ¿y con qué sí?



No conozco persona que odie el humor, que no le guste reír o que quiera dejar de sonreír. A todos les gusta el humor pero no que hagan humor con ellos.

Una vez me pasó algo terrible haciendo humor. Hablando con una chica, le presumí que me sabía chistes de humor negro. Me insistió ansiosa que quería escuchar uno. Lo terminé de contar, me miró seria y me dijo: "Mi prima tiene cancer". Yo no sabía dónde esconderme. Le pedí perdón pero, al fin y al cabo, ella quería humor negro pero no sobre ese tema, porque la movilizaba especialmente.

Los temas sobre los que uno puede o no hacer humor son muchas veces motivo de discusión. Y cada uno se ríe hasta que el tema de risas es aquello que representan su forma de ser, su tradición, su costumbre o su vida en general.

Todos se pudieron haber divertido con las sátiras sobre Mahoma, pero qué hubieran dicho si en vez de reírse de Mahoma lo hicieran de Jesús o del holocausto (Aclaración: también lo hicieron). Quizás ahí los seguidores de Mahoma se hubiesen divertido mucho, pero toda la iglesia católica hubiera querido crucificar a esos dibujantes, al igual que los judíos.

David Gueto. Publicada en el diario Página/12, despertó las críticas por hacer humor con el holocausto.
¿Se puede hacer humor sobre el cáncer? ¿Y sobre el Sida? Algún caricaturista podría dibujar con cierto humor sobre el hambre en África. ¿No es gracioso? ¿Y por qué no? Quizás los enfermos de Sida amen los chistes sobre África, y los africanos disfruten riéndose de quienes tienen cáncer.

La mejor manera de hacer humor es reírse de uno mismo. Los chistes de un católico exhibiendo las miserias del Vaticano tienen más fuerza que si el humor sobre ese tema lo hace un judío. Lo mismo sucede si alguien con un problema para caminar hiciera bromas sobre su discapacidad.



Si un católico da un show de humor hablando sobre los judíos, uno podría preguntarle tranquilamente: ¿Vos qué sabés sobre el judaísmo? Esta pregunta ahorra dos problemas: el show no serán críticas gratuitas contra una religión y, lo más importante, no tendremos que terminar escuchando chistes obvios sobre la circuncisión, los kipá y los rabinos.

En el mismo sentido, imaginemos que un formoseño quiere hablar del ataque a las Torres Gemelas. Puede hacer grandes chistes con ese tema (ofensivos para muchos) pero mejores chistes hará un neoyorquino que sepa lo que es vivir en la ciudad del atentado.

¿Y con todo esto, entonces, a qué conclusión llegamos? Pienso que se debe hacer humor con cualquier tema y que cualquiera puede hacerlo, pero como vimos en el video de arriba, esos chistes tendrán mucho más sentido si los hace un conocedor -de primera mano- del tema a tratar.

Joaquín Garau.

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