martes, 9 de febrero de 2016

Vélez, por favor, aprendé

Maxi Moralez le pega y todo el Amalfitani estalla en alegría. Vélez es campeón con un equipo que es la envidia de cualquiera. Corría 2009 y ese equipo de Ricardo Gareca era, aunque no nos dimos cuenta, un arma de doble filo.

Vélez había comenzado con una serie de incorporaciones de gran nivel futbolístico que no se detendría con el paso de los años. Santiago Silva, Emiliano Papa, Víctor Zapata, Maxi Moralez, Sebastián Dominguez, Joaquín Larrivey, Augusto Fernández, Lucas Pratto, Guillermo Franco, Facundo Ferreyra, Sebastián Sosa y Fernando Gago conforman una lista de jugadores de gran nivel futbolístico pero, también, de gran coste económico. Y si bien esos jugadores nos dieron cinco títulos con Gareca, ahora se convirtieron en nuestra encrucijada.

En ese momento festejé los goles, me alegré con los campeonatos y me daba cuenta que era un placer ir a la cancha, porque había un equipo que jugaba como lo hacía cualquier grande de Europa. Sin embargo, esos equipos, sobraban para el fútbol local y, lamentablemente, no pudieron ganar copas internacionales. No me quejé en su momento, pero ahora, a la distancia, me doy cuenta que teníamos una Ferrari con Fernando Alonso para correr en el TC2000. No me quejo, porque los goles los grité y las estrellas las pusimos en la camiseta.

Aunque ahora una alarma se encendió.

Creo que rara vez en la Argentina se aprenden de los errores ajenos. Y creo que Vélez puede ser la excepción. River, Independiente, Banfield y Rosario Central son claros ejemplos. No supieron maniobrar a tiempo y descendieron. Vélez está a tiempo de aprender de sus errores y pegar el volantazo que hace falta. La realidad es dura: la temporada que viene vamos a estar mirando la tabla del promedio. Hay que jugar cada partido como si fuera el último antes del descenso directo, hay que pensar en ganar como sea y hay que armar un equipo de nivel. Yo siempre estuve a favor del campeonato económico, aunque una cosa es ahorrar y la otra no comer. No quiero caviar ni un asado completo, pero sí un arroz con pollo o unas milanesas con puré. No quiero a Lionel Messi de 10, pero sí ir a buscar jugadores en condiciones de evitar un desastre.

Es tiempo de hacer autocrítica. Y la autocrítica la empiezo por mí mismo y espero que todos nos sumemos. Porque nuestro gran error fue engolosinarnos con los refuerzos que trajeron Gareca, los dirigentes de aquél momentos y Christian Bassedas como manager. Y fracasamos en no hacer el recambio necesario. Invertimos en irnos a Miami y no supimos ahorrar para las vacaciones en Mar del Plata. Ahora, no estamos ni en Miami ni en Mar del Plata, sino en un departamento dos ambientes sin aire acondicionado, rogando por un poco de viento.   

No son todas malas. Tenemos la posibilidad de cambiar. Tenemos un técnico que fue un gran jugador y que piensa fútbol. Hay jugadores que pueden mejorar muchísimo y otros que si no están a la altura habrá que echarlos. Sí, echarlos, porque lo que Vélez no se puede permitir ahora es que frases como “es un histórico” o “paciencia, es un pibe” nos pongan contra las cuerdas. Un histórico sin nivel o un pibe que sale a bailar y no es profesional son las primeras piñas de una pelea que termina en K.O.

Aprendamos de los errores ajenos y de los propios. Sumemos tantos puntos como podamos, alejémonos de la tabla del promedio, un lugar que no estamos acostumbrados a mirar, y apostemos, ni bien podamos, por dos refuerzos de categoría. No pido hipotecar el club, no busco tener un balance en rojo, no pretendo que nos convirtamos en una Sociedad Anónima como supo ser Racing en su peor momento, sino que moderemos ese campeonato económico –que supongo que por lo menos ya somos sub campeones- y traigamos refuerzos de jerarquía que nos ayuden a paliar este momento.

Leí a muchos ex jugadores –como Lucas Castromán- decir que darían una mano. Otros, como Mauro Zárate, avisaron que volverán más adelante. No quiero que acá empecemos con las acusaciones de quiénes se ofrecieron, quiénes se quedaron y quiénes ni aparecieron. Esas peleas no sirven. Sirve ver cómo podemos ayudar desde nuestro lugar.

Empecemos por pagar la cuota –tonto pero híper necesario-, por ir a la cancha tanto como podamos, por dejar de usar Twitter como un campo de batalla para criticar por cualquier cosa –sé que hay cientos de cosas criticables, pero no hagamos de todo una escena dramática- y por aprender de los errores. Es verdad, nos equivocamos. Y también es verdad, podemos salir a flote.

Apoyemos, no insultemos a Bassedas o a los jugadores. Quieren. No siempre pueden. Pero sé que quieren.


Joaquín Garau, socio

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